zagoyasociados.com.ar

Usted esta aqui: Información » Artículos de Interés » ENCUESTAS, MEDIOS Y OPINION PUBLICA
Sábado, 19 May 2012

ENCUESTAS, MEDIOS Y OPINION PUBLICA

Existe en la actualidad un debate sobre el impacto político de las encuestas preelectorales. El objeto de este artículo es responder a dos cuestionamientos básicos sobre las encuestas: el primero, acerca de la capacidad de las encuestas para predecir los resultados electorales; y el segundo, sobre el abuso de las mismas con el objeto de  manipular la opinión pública.


Aún teniendo en cuenta las críticas de que son objeto, no puede obviarse que en la actualidad, las encuestas son a la vez el instrumento más utilizado y el más preciso para investigar e interpretar la opinión pública. Una encuesta consiste en aplicar un cuestionario a una muestra representativa de la población y estimar a partir de las respuestas de esa muestra, la opinión predominante en la población total. Por no tratarse de una ciencia exacta y por el hecho de trabajar con procedimientos de muestreo, las inferencias que se realizan a partir de una encuesta siempre tienen determinado margen de error que dependerá fundamentalmente del tamaño de la muestra utilizada. Este margen de error es consecuencia de la metodología utilizada; la única manera de trabajar sin error muestral es realizar un censo, o sea, entrevistar a toda la población. Lo interesante de esta metodología es que si bien siempre las estimaciones tendrán un error muestral, la magnitud de ese error puede ser conocida a priori.

Trasladando estos conceptos a las encuestas electorales, podemos decir que son erróneas aquellas encuestas cuyo pronóstico de intención de voto difiere de los resultados electorales en una proporción mayor al error previsto para esa muestra. Dentro de los márgenes de error, acertar o no con el resultado electoral es una cuestión que no depende de la realización de la encuesta, por lo que no siempre cabe cuestionar la realización de una encuesta que no coincide con un resultado electoral. Por supuesto, las encuestas son noticia cuando sus pronósticos no coinciden con los resultados; porque no es noticia el perro que muerde a un hombre, sino el hombre que muerde a un perro. De hecho, una simple recorrida por los más de 15 años de publicación de encuestas preelectorales en nuestro país indica que la regla es la coincidencia de los pronósticos con los resultados electorales.
La realidad indica que las encuestas preelectorales son cada vez más utilizadas por las fuerzas políticas en todo tipo de elecciones, incluso en las más pequeñas. Pero el motivo principal de la extensión de su uso no reside en la capacidad de las encuestas de predecir los resultados electorales, sino en su utilidad como fuente de información sobre los votantes, sus demandas, actitudes y preferencias. Sin embargo, generalmente lo que los medios y por consiguiente la opinión pública conocen de las encuestas preelectorales es fundamentalmente el capítulo dedicado a la predicción de la intención de voto.
Una campaña electoral es un proceso de comunicación cuyo objetivo es persuadir a los electores de votar por determinada fuerza política. En ese marco, las encuestas constituyen un instrumento para estudiar a los votantes, tal como se estudia a los consumidores en las investigaciones de mercado; y en ambos casos sirven de soporte para el diseño de las campañas publicitarias. Pero lo que permite que las encuestas preelectorales sean cuestionadas es que, dadas ciertas circunstancias, la publicación de los pronósticos de intención de voto puede convertirse en parte de la estrategia comunicacional de una campaña electoral. El público se pregunta – con razón- por qué, si es que las encuestas electorales se realizan siguiendo estrictos preceptos metodológicos, generalmente favorecen al partido o candidato que las encarga.  Lo que sucede es simplemente otra cosa. La información que una fuerza política da a conocer obviamente no es siempre toda la información de que esa fuerza política dispone, sino sólo aquella que ésta considera conveniente difundir. La publicación de los pronósticos de intención de voto de una encuesta preelectoral responde también a una decisión de estrategia de campaña, en la que se evalúa la oportunidad y los probables efectos en la opinión pública de la difusión. Ninguna fuerza política publicará una encuesta en la que aparezca como perdedora, salvo que mediante la referencia a datos anteriores pueda demostrar una tendencia en sentido contrario. Y esto no es desde ningún punto de vista criticable. Es una actitud lógica que responde a  la estrategia comunicacional de cualquier protagonista de una disputa, y es válido desde la más pequeña de las contiendas hasta una guerra internacional.
La actitud que toman los encuestadores frente a esta necesidad, corre por cuenta y riesgo de cada uno de ellos. Ningún encuestador serio permitirá que sus datos sean manipulados políticamente. Existe además un código de ética para la profesión, y quienes se apartan del mismo se exponen sufrir las consecuencias en términos de prestigio y credibilidad. Porque, y en definitiva, sólo una encuesta es la que cuenta, y es la del día de la elección.
Las encuestas preelectorales son también fuente de información para los medios, que en los momentos previos a una elección, están ávidos de este tipo de información. Y les corresponde a ellos un rol de suma importancia con el propósito de aportar a una mayor transparencia y objetividad de la información.
Existen requisitos básicos para la publicación de datos de encuestas de opinión pública que no siempre son respetados. Una sana costumbre consiste en incluir siempre con los datos de una encuesta la llamada ficha técnica, que debería contener al menos la siguiente información: técnica de investigación, tamaño de la muestra, procedimiento de muestreo, fecha de realización del trabajo de campo, ámbito geográfico de cobertura, y los nombres de la empresa encuestadora y el cliente del trabajo. Con esta simple práctica se limita dramáticamente la posibilidad de manipulación de los datos de una encuesta.
Pensar que la publicación de las encuestas influye directamente en el comportamiento electoral –algo que todavía no ha podido ser demostrado-, es una simplificación que implica subestimar la capacidad de razocinio de los electores. El comportamiento electoral depende en una medida mucho mayor de una multiplicidad de factores condicionantes. Para el estudio de estos factores fueron concebidas las primeras encuestas de opinión pública, hace más de 50 años, y su utilidad seguirá residiendo en que permiten conocer los deseos, las demandas y las preferencias del público. Las democracias pueden funcionar en la medida en que la ciudadanía sea capaz de formar preferencias y deseos sobre políticas públicas y que éstas puedan ser conocidas y respondidas por sus representantes. No es fácil encontrar una mejor guía de lo que el gobierno debe hacer que las preferencias de su ciudadanía.
El tiempo político determinado por el desarrollo de las campañas electorales es el más indicado para que el público haga conocer sus demandas, ya que durante ese momento son los líderes políticos quienes desean conocer el pensamiento de los votantes. Los medios de comunicación de masas cumplirían mejor su rol de nexo entre el público y la clase política si destinaran mayor espacio a la publicación de encuestas que reflejen actitudes sobre los principales temas políticos y no sólo pronósticos sobre resultados electorales. Además, la práctica de la inclusión de información metodológica sobre las investigaciones contribuiría a dar un marco de mayor objetividad a las publicaciones, con el consiguiente aumento en la confianza en las encuestas como medio de reflejar la opinión pública.
De acuerdo al actual nivel de desarrollo de la sociedad y su consecuente aumento en tamaño y complejidad, se observan impracticables los mecanismos de participación de la democracia directa. La participación de los ciudadanos se ve mediatizada en el tiempo y en el espacio a pesar del desarrollo de los medios de comunicación. La democracia representativa y sus instituciones son  una necesidad. Pero no por ello debe atenuarse el nivel de participación, sino que deben encontrarse los medios que permitan a los ciudadanos expresar su voluntad para que ésta sea atendida por el gobierno en el marco de un gobierno democrático. Las encuestas de opinión pública están cumpliendo hoy esa función.

 

 

Lic. Fernando Zago

Encuestador